La IA transforma el trabajo: cómo puede cambiar la financiación de pensiones y prestaciones

La inteligencia artificial puede elevar la productividad, transformar tareas y crear nuevas ocupaciones. También podría cambiar cómo se reparte la renta entre trabajo y capital. Este efecto resulta relevante para unos sistemas de protección social que se financian en gran medida mediante cotizaciones vinculadas al empleo y a los salarios.

Cuando se habla del impacto de la IA en el mercado laboral, la conversación suele reducirse a una pregunta: ¿destruirá puestos de trabajo? Es importante, pero no es la única. Aunque el empleo total se mantuviera, la tecnología podría modificar las tareas, los salarios y el reparto del valor generado por las empresas.

El informe Financing of Social Protection, publicado por la OCDE en septiembre de 2026, analiza las posibles consecuencias de estos cambios para las pensiones, el desempleo, la sanidad, la dependencia y otras prestaciones. No ofrece una predicción cerrada: el resultado dependerá de cómo evolucione la tecnología y de cómo se distribuyan sus beneficios.

La protección social depende en gran medida de las rentas del trabajo

Una parte importante de la protección social se paga con las cotizaciones de trabajadores y empresas. En 2023 financiaron, de media, el 43 % del gasto social público en los países de la OCDE y cerca del 50 % en la Unión Europea.

Cuando hay más personas trabajando y los salarios aumentan, también suele crecer la recaudación. Por el contrario, si disminuye el empleo o los salarios avanzan poco, el sistema puede ingresar menos. Al mismo tiempo, el sistema necesita más recursos para cubrir prestaciones por desempleo, formación o ayudas durante los cambios laborales.

La IA añade una cuestión nueva. No es necesario que desaparezcan empleos para que afecte a esta financiación. Si las empresas producen más gracias a la tecnología, pero una parte creciente de ese valor se convierte en beneficios y no en salarios, las cotizaciones podrían crecer menos que la economía.

Por eso importa observar tanto el número de empleos como la forma en la que se reparten los beneficios derivados de la tecnología.

La IA puede sustituir tareas, complementar el trabajo y crear nuevas ocupaciones

No existe un único efecto tecnológico. La evidencia analizada por la OCDE distingue tres canales que pueden actuar de forma simultánea:

  1. Automatización. Algunas tareas rutinarias o repetitivas pueden realizarse con menos intervención humana. Esto puede reducir la demanda de determinados perfiles o transformar profundamente su contenido.
  2. Complementariedad y productividad. La IA puede ayudar a una persona a analizar información, preparar documentos, detectar incidencias o tomar decisiones con mayor rapidez. El trabajador no desaparece: cambia la forma en la que aporta valor y aumenta su productividad.
  3. Creación de nuevas tareas y empleos. Las tecnologías también generan necesidades que antes no existían, desde la supervisión de sistemas hasta la gestión de datos, la ciberseguridad, la formación o nuevos servicios apoyados en IA.

El balance final dependerá del peso de cada canal, pero analizando con perspectiva otros cambios tecnológicos como fueron el telar mecánico, la máquina de vapor, la electrificación o internet, podemos concluir que a largo plazo el tercer efecto es el más importante: las revoluciones tecnológicas multiplican el tamaño de la economía permitiendo enormes aumentos simultáneos de la población y del bienestar a nivel mundial.

Tres escenarios para la financiación de la protección social

Un escenario favorable de productividad compartida

La IA mejora la productividad y permite a las empresas crecer. Si ese avance se traduce en nuevos empleos y salarios sostenibles, también puede aumentar la recaudación por cotizaciones e impuestos.

Un escenario de mayor peso del capital

Las empresas producen más con menos horas de trabajo o con salarios que crecen por debajo de la productividad. Aunque no desaparezca el empleo, las rentas laborales pierden peso frente a las rentas del capital. Si la financiación social continúa concentrada en las nóminas, su base podría crecer más despacio que la economía.

Un escenario de transición desigual

Algunos sectores se beneficiarían rápidamente, mientras que otros afrontarían desempleo, pérdida de ingresos o necesidades de formación. El sistema recibiría menos cotizaciones de los grupos afectados y, al mismo tiempo, tendría que dedicar más recursos a prestaciones y recualificación.

Los tres escenarios no son excluyentes. Pueden convivir en una misma economía e incluso dentro de un mismo sector. Por eso conviene evitar dos simplificaciones: asumir que la IA eliminará masivamente el trabajo o confiar en que cualquier aumento de productividad mejorará de forma automática los salarios y la financiación social.

La adopción de la IA ya avanza en las empresas españolas

Según el Instituto Nacional de Estadística, el 21,1 % de las empresas españolas de diez o más empleados utilizaba tecnologías de inteligencia artificial en el primer trimestre de 2025. Entre las empresas de menos de diez empleados, el porcentaje alcanzaba el 13,4 %.

El Banco de España obtuvo unos resultados similares en 2025: casi una de cada cinco compañías consultadas empleaba IA, aunque en muchos casos todavía de forma experimental. Además, el 80 % de las empresas encuestadas consideraba que la tecnología no afectaría a su empleo, mientras que las que ya la utilizaban esperaban, en promedio, un efecto positivo.

Dado el crecimiento registrado y la rápida extensión de las herramientas de IA generativa, cabe esperar que las próximas estadísticas reflejen un aumento importante de su utilización.

Qué significa para trabajadores, autónomos y empresas

Para trabajadores y familias

Para los trabajadores y las familias, el principal desafío será adaptarse a unas competencias que pueden cambiar durante la carrera profesional. La formación continua y el conocimiento de la protección pública disponible adquirirán mayor importancia.

La incertidumbre sobre el futuro del trabajo también refuerza el valor de ordenar las finanzas por plazos y de disponer de instrumentos de previsión que reduzcan la incertidumbre: liquidez para imprevistos, protección ante contingencias graves y ahorro para objetivos de largo plazo. Esta planificación debe adaptarse a los ingresos, las cargas familiares y la situación profesional de cada hogar; no existe una fórmula universal.

Para autónomos

La IA puede reducir tareas administrativas, mejorar el servicio al cliente o abrir nuevas fuentes de actividad. Sin embargo, quienes tienen ingresos irregulares necesitan prestar especial atención a la continuidad de sus cotizaciones, a los periodos de menor facturación y a cómo complementar sus ingresos en la jubilación.

Para pymes y responsables de personas

La decisión no consiste únicamente en comprar una herramienta. Requiere identificar qué tareas pueden mejorar, qué capacidades necesita la plantilla y cómo se repartirán los beneficios de productividad.

Las empresas también pueden revisar su propuesta de protección y previsión para los empleados. Los sistemas de previsión social empresarial no resuelven el debate sobre la financiación pública, pero pueden formar parte de una política de beneficios orientada al largo plazo que reduzca la incertidumbre.

Prestaciones suficientes y financiación sostenible

La inteligencia artificial puede ayudar a afrontar parte del reto demográfico mediante una mayor productividad. Sin embargo, producir más no garantiza por sí solo una financiación social más sólida.

Los países deberán procurar que la riqueza generada se traduzca en empleo, salarios y recursos públicos suficientes. El desafío no consiste en elegir entre una protección adecuada y unas cuentas sostenibles. Ambas condiciones son necesarias: las pensiones y prestaciones deben proteger a las personas, pero también deben poder financiarse de manera estable durante las próximas décadas.

Para las familias, los autónomos y las empresas, la respuesta razonable es mejorar su capacidad de adaptación, conocer la protección disponible y tomar decisiones de previsión con tiempo.

Preguntas frecuentes

¿La inteligencia artificial destruirá empleo?

No puede afirmarse de forma general. La IA puede automatizar tareas, complementar el trabajo y crear nuevas ocupaciones. La evidencia disponible todavía no muestra una destrucción neta generalizada, aunque determinados perfiles y sectores sí pueden afrontar desplazamientos. La historia nos demuestra que a largo plazo las revoluciones tecnológicas multiplican el empleo y el bienestar.

¿Por qué la IA puede afectar a las pensiones?

Porque las cotizaciones que financian una parte importante de la protección social están vinculadas al empleo y a los salarios. Si la renta laboral pierde peso relativo frente al capital, la base contributiva podría crecer más lentamente.

¿Más productividad significa más ingresos para la Seguridad Social?

No necesariamente. Dependerá de si las mejoras de productividad se traducen en empleo, salarios, beneficios empresariales y recaudación, y de cómo esté diseñado el sistema fiscal y contributivo.

¿La OCDE propone subir las cotizaciones o crear un impuesto a los robots?

No. El informe analiza opciones para diversificar la financiación, pero no establece que deba aprobarse un impuesto concreto. Cada medida tendría que evaluarse dentro del marco económico y normativo de cada país.

¿Qué pueden hacer las pymes ante este cambio?

Identificar usos concretos de la IA, formar a la plantilla, rediseñar tareas con criterios responsables y planificar la transición. También pueden valorar fórmulas de previsión social empresarial que ayuden a sus empleados a ahorrar para la jubilación, de acuerdo con las características y necesidades de cada empresa.

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